El arrendamiento puro permite deducir de impuestos hasta el 100% de la renta mensual. Detrás de esa frase hay una diferencia de fondo con la compra a crédito, y vale la pena verla con calma.

Gasto operativo, no activo depreciable

Cuando compras el bien, deduces vía depreciación: un porcentaje anual durante varios ejercicios, sujeto a las reglas de cada tipo de activo. Cuando lo arriendas, la renta es un gasto operativo del periodo en que la pagas. El efecto sobre el resultado fiscal es distinto, y suele ser más inmediato.

A eso se suma la acreditación del IVA de la renta, que no compite con tu flujo sino que lo acompaña mes a mes.

Lo que suele pasarse por alto

La pregunta no es cuánto deduces, sino qué haces con el capital que dejas de inmovilizar.

Llévalo a tu contador con números

Antes de decidir, pon lado a lado los dos escenarios con las cifras de tu empresa: compra a crédito frente a arrendamiento puro, a lo largo de todo el plazo. Compara flujo de efectivo, efecto fiscal y qué queda en tu poder al final del contrato. La decisión correcta casi nunca es la misma para todas las empresas.

Documentación fiscal y contable

¿Lo llevamos a tu caso concreto?

Revisamos juntos los números de tu empresa y te decimos si te conviene.

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