El arrendamiento puro permite deducir de impuestos hasta el 100% de la renta mensual. Detrás de esa frase hay una diferencia de fondo con la compra a crédito, y vale la pena verla con calma.
Gasto operativo, no activo depreciable
Cuando compras el bien, deduces vía depreciación: un porcentaje anual durante varios ejercicios, sujeto a las reglas de cada tipo de activo. Cuando lo arriendas, la renta es un gasto operativo del periodo en que la pagas. El efecto sobre el resultado fiscal es distinto, y suele ser más inmediato.
A eso se suma la acreditación del IVA de la renta, que no compite con tu flujo sino que lo acompaña mes a mes.
Lo que suele pasarse por alto
- El monto deducible depende del activo. No todos los bienes ni todas las operaciones se tratan igual; el porcentaje real hay que calcularlo caso por caso con tu contador.
- No bloquea líneas de crédito. El arrendamiento puro no consume las líneas bancarias que quizá necesites para inventario o nómina.
- Evita la descapitalización. El dinero que no pusiste de enganche sigue disponible para las áreas que sí generan margen.
- El presupuesto se vuelve previsible. Pagos fijos mensuales, sin sobresaltos por mantenimientos mayores.
La pregunta no es cuánto deduces, sino qué haces con el capital que dejas de inmovilizar.
Llévalo a tu contador con números
Antes de decidir, pon lado a lado los dos escenarios con las cifras de tu empresa: compra a crédito frente a arrendamiento puro, a lo largo de todo el plazo. Compara flujo de efectivo, efecto fiscal y qué queda en tu poder al final del contrato. La decisión correcta casi nunca es la misma para todas las empresas.

¿Lo llevamos a tu caso concreto?
Revisamos juntos los números de tu empresa y te decimos si te conviene.
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